
En Hollywood, las ideas nuevas parecen escasear. Cada año llegan a los cines anuncios de remakes, reboots y reinterpretaciones de películas que muchos consideran intocables. Esto genera una pregunta inevitable entre los espectadores: ¿realmente hacía falta una nueva versión o solo están explotando la nostalgia?
Aunque muchos remakes fracasan por falta de alma, otros logran algo mucho más difícil: superar al original o, al menos, ofrecer una lectura distinta y valiosa. La clave no está en copiar, sino en reinterpretar.
A continuación, analizamos algunos de los enfrentamientos más interesantes entre películas originales vs remakes, explicando por qué algunos funcionan y otros se convierten en advertencias cinematográficas.
1. The Thing (1982) vs. The Thing from Another World (1951)
Este es el ejemplo de oro de lo que ocurre cuando un remake supera a su predecesor.
- La Original (1951): Un clásico del suspenso de la Guerra Fría. El alienígena era básicamente una «zanahoria gigante» humanoide. Era efectiva, pero limitada por su época y su enfoque teatral.
- El Remake (1982): John Carpenter decidió ser fiel al relato original (Who Goes There?) y creó una obra maestra de la paranoia. Los efectos prácticos de Rob Bottin son, incluso hoy, superiores a la mayoría del CGI moderno.
¿Cuál vale la pena? Definitivamente el remake de 1982. Mientras que la original es una curiosidad histórica, la de Carpenter es una pesadilla asfixiante. Como dato curioso, la crítica de la época la destrozó llamándola «porno de efectos», demostrando que a veces los críticos tardan décadas en reconocer una genialidad.
2. Drácula (1931) vs. Bram Stoker’s Dracula (1992)
- La Original (1931): Bela Lugosi definió la imagen del vampiro: elegante, de capa y mirada hipnótica. Su fuerza reside en la atmósfera gótica pura.
- El Remake (1992): Francis Ford Coppola apostó por una versión operística y visualmente ambiciosa, enfocándose en un romance trágico que no existía en la versión de Lugosi.
¿Cuál vale la pena? Ambas. El original es una pieza arqueológica indispensable, pero el remake de Coppola es un despliegue de arte, vestuario y profundidad emocional. Es un caso donde el remake no reemplaza, sino que expande el mito.
3. Scarface (1932) vs. Scarface (1983)
- La Original (1932): Inspirada en Al Capone y la Ley Seca, es una historia cruda de la mafia italiana en Chicago.
- El Remake (1983): Brian De Palma trasladó la acción al Miami de los años 80, cambiando el alcohol por la cocaína. El Tony Montana de Al Pacino se convirtió en un icono cultural que eclipsó por completo al original de Paul Muni.
¿Cuál vale la pena? El remake de 1983. Aunque la original es fundamental para el género de gánsteres, la versión de los 80 es una ópera pop excesiva que define una década.
Dato curioso: Oliver Stone escribió el guion del remake mientras luchaba contra su propia adicción a la cocaína, lo que explica la intensidad y crudeza con la que se retrata el descenso a los infiernos de Montana.
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4. Psicosis (1960) vs. Psicosis (1998)
Este es el ejemplo de lo que NUNCA se debe hacer con un remake.
- La Original (1960): Alfred Hitchcock rompió todas las reglas del cine: mató a su protagonista a los 30 minutos y creó una atmósfera de incomodidad insuperable.
- El Remake (1998): Gus Van Sant decidió hacer un calco plano por plano, a color. Copió exactamente cada movimiento de cámara y cada línea de diálogo.
¿Cuál vale la pena? La original de 1960, sin discusión alguna. El remake es técnicamente correcto pero carente de alma. Demostró que el genio de Hitchcock no estaba solo en el guion, sino en el ritmo. Ver a Vince Vaughn intentar imitar a Anthony Perkins es casi doloroso; le falta esa fragilidad inquietante que hacía a Norman Bates tan aterrador.
5. La noche de los muertos vivientes (1968) vs. (1990)
- La Original (1968): George A. Romero inventó el zombi moderno con un presupuesto mínimo y una carga de crítica social impresionante para su tiempo.
- El Remake (1990): Dirigido por el maestro de los efectos Tom Savini, moderniza el ritmo y le da un giro necesario al personaje femenino (Barbara), convirtiéndola en una superviviente fuerte en lugar de una víctima en shock.
¿Cuál vale la pena? Ambas. Es uno de los mejores ejemplos de un remake bien hecho. Respeta el espíritu del original pero aporta mejoras narrativas y efectos visuales que justifican su existencia.
6. El Rey León (1994) vs. (2019)
- La Original (1994): Una obra maestra de la animación tradicional, con expresiones faciales que transmiten una humanidad desgarradora.
- El Remake (2019): Un milagro técnico del CGI hiperrealista. Visualmente parece un documental, pero los animales perdieron la capacidad de expresar emociones.
¿Cuál vale la pena? La original de 1994. El remake demuestra que «más realismo» no siempre significa «más emoción». El momento de la muerte de Mufasa en 2019 carece de impacto porque el rostro de Simba es, literalmente, el de un cachorro de león real que no puede llorar ni fruncir el ceño.
7. IT 1990 vs. 2017
- La Original (1990): Una miniserie con limitaciones técnicas evidentes, pero con un Tim Curry que dejó una marca imborrable en las pesadillas de toda una generación.
- El Remake (2017-2019): Las películas modernas expanden la historia y profundizan en el «Club de los Perdedores», con un terror mucho más explícito y psicológico.
¿Cuál vale la pena? El remake funciona mejor como experiencia cinematográfica actual, pero el original conserva un encanto nostálgico difícil de ignorar. Aquí la preferencia suele depender de qué Pennywise viste primero.
¿Qué hace que un remake funcione?
Tras analizar estos casos, queda claro que las historias ya probadas reducen el riesgo comercial para los estudios, pero para el espectador, la justificación debe ser creativa. Un remake vale la pena cuando:
- Aporta una nueva lectura de la historia (como Scarface).
- Actualiza temas para un nuevo contexto social (como La noche de los muertos vivientes).
- Utiliza la tecnología para contar algo que antes era imposible (como The Thing).
- Respeta la esencia pero se atreve a reinterpretarla.
Conclusión
El debate no tiene una única respuesta. El verdadero problema no es rehacer una película, sino hacerlo sin una razón creativa clara. Cuando un remake solo imita, queda condenado a la comparación constante y al olvido. Pero cuando se atreve a ser diferente, puede incluso superar a su predecesor y convertirse en la versión definitiva para una nueva era.




